“Dicen que ya está todo inventado, pero somos algo inacabado, pero si puedo ver en tus ojos un cielo estrellado será que algo nuevo puede ser creado…”

Dos niños que se encuentran en un parque y descubren que una simple caja de cartón puede convertirse en un cohete; que un par de palos los transforma en piratas; que con unas alas de papel se lanzan a volar… ¿Te imaginas?
Una alumna marista de segundo de bachillerato que, hojeando el listado de carreras universitarias, sueña con entregarse a los demás y encontrar en su vocación un camino de vida… ¿Te imaginas?
Dos amigos que, un viernes aburrido, deciden hacer las maletas, señalar al azar un punto en el mapa y lanzarse a la aventura de lo inesperado… ¿Te imaginas?
Una pareja frente al escaparate de una inmobiliaria que, mirando casas, no solo sueña con paredes y techos, sino con un hogar abierto, acogedor, lleno de vida y de futuro… ¿Te imaginas?
¡Cuántas veces hemos dicho esta frase!
Al crecer, parece que la capacidad de imaginar —tan natural en la infancia— se va apagando. Pero ¿dónde queda esa chispa de fantasía que nos permite ver lo cotidiano de otra manera, la misma que impulsó a inventores y soñadores a transformar la realidad?
Creer es crear. La convicción es el motor que nos mueve a construir un mundo mejor. Y ese mundo no se levanta en soledad: lo tejemos juntos, con la riqueza de nuestra diversidad. No hay imposibles cuando nos atrevemos a imaginar unidos, cuando sumamos complicidades y abrimos caminos que nos conducen a lugares que solo existen si soñamos en común.
Imaginar es lanzarse al vacío de lo desconocido: aventura, incertidumbre, confianza. Es caminar sobre la cuerda floja, con la certeza de que siempre hay Alguien que nos sostiene.
No imaginamos lo que ya es real: eso simplemente existe. Imaginar es ir más allá, buscar lo nuevo, pensar diferente. Pero esta imaginación no es evasión ni refugio para desconectarnos de los demás. No se trata de vivir “en mi mundo”, sino de soñar despiertos para transformar el presente y proyectar un futuro mejor.
Una imaginación sin límites ni barreras, libre de normas rígidas y códigos impuestos, pero anclada en valores esenciales: respeto, igualdad, superación, dignidad. Una imaginación que se convierta en herramienta, que nos ayude a comprender la realidad y a descubrir caminos inéditos para resolver los viejos problemas de siempre.
Hoy, más que nunca, el mundo necesita soñadores que se atrevan a reimaginarlo. Te invito a volver a encender esa chispa, a creer que otro futuro es posible y, sobre todo, a construirlo juntos. Porque soñar en común es el primer paso para transformar la realidad.
¿TE IMAGINAS?

